entrevista a Alejandra Gaviria y José Antequera por Canal Capital de Bogotá Colombia y el exterminio de la UP

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El 30 de agosto de 1986, el asesinato del representante a la Cámara Leonardo Posada en Barrancabermeja, marcó el inicio del genocidio del partido Unión Patriótica en Colombia. Una operación criminal a manos de efectivos de las FFMM del Estado y cuyo nombre, “El Baile Rojo”, fracturó para siempre a la sociedad colombiana. Cerca de 3.500 militantes o simpatizantes fueron asesinados y un número no determinado de desaparecidos. Francisco Gaviria y José Antequerafueron dos de estos jóvenes asesinados en 1987. Antequera, activista y líder político de la UP en plena campaña presidencial el 3 de marzo. Gaviria el 10 de diciembre, siendo estudiante de periodismo en la Universidad de Antioquía y militante del Partido Comunista.

Han pasado 27 años y los crímenes de estos dos colombianos como el de miles más siguen en la impunidad. Ese silencio y su memoria son reivindicadas por sus hijos Alejandra Gaviria Serna y José Antequera. Dos jóvenes profesionales que le apuestan a la memoria, al perdón y a la paz.

En un diálogo muy emotivo y profundo, cargado de aprendizajes personales, sociales y políticos, el jurista Baltasar Garzón y el analista político Pedro Medellín conversaron en Hablemos de paz y Derechos Humanos de Canal Capital con Alejandra Gaviria SernaJosé Antequera, dos jóvenes colombianos cofundadores de HIJOS (Hijos e Hijas por la Memoria y contra la Impunidad). Hablaron de la vida de sus padres Francisco Gaviria y José Antequera, de los asesinatos y desaparecidos de la Unión Patriótica.

Blogs Capital reconoce el valor histórico, documental y de memoria de estos testimonios para el país. Por esta razón, presenta de manera íntegra el contenido de esta conversación y la ofrece a sus lectores en III partes. esta es la I parte. La segunda la encuentra bajo el título “Historia del paramilitarismo es la historia de Uribe, por eso tiene que ser investigado: José Antequera”. La tercera y última parte: “No puede haber un hijo más sin padre ni madre por culpa del conflicto armado”.

Baltasar Garzón: Tu padre José Antequera fue asesinado el 3 de marzo de 1989 en el Aeropuerto El Dorado. Tenías 5 años. ¿Cómo has recuperado la memoria sobre el asesinato de tu padre hasta motivar tu voluntad de cofundar un movimiento como el de HIJOS (@HijosColombia)?

José Antequera: El mío es un caso especial. Conociendo la historia de muchos hijos e hijas con los que hemos trabajado, muchos crecieron en familias donde sus padres no les contaban nada. Tenemos unas compañeras que amigos de sus familias fueron quienes se ocuparon de protegerlas y mantenerlas unidas. Habían asesinado a sus dos padres. Se las llevaron a vivir a Montería, ciudad que se convirtió después en una capital no exactamente de izquierda en Colombia. Nunca les contaron nada a ellas.

Tengo la suerte en cambio que mi madre me contó absolutamente todo. El día que le pregunté por qué habían matado a mi papá, me dijo: “porque era de izquierda”. Cuando indagaba sobre su historia me la contaba completa. Preguntaba qué era la desaparición forzada y me la explicaba gráficamente.

Eso hace que te sientas vinculado con la historia y con su reivindicación. Los amigos que pasaron por tu casa, gente revolucionaria que pasó al lado tuyo, que te cargaron en sus piernas. Pero, saber que en la sociedad colombiana hay tanto silencio, tanto desconocimiento, tanta negación sobre esa historia te hace sentir una contradicción con la que no se puede vivir a menos que hagas algo.

Básicamente la misma experiencia la encontraba con muchos otros hijos. Teníamos una historia compartida, pero para muchas personas en el país, esta había desaparecido por cuenta de los asesinatos.

Aparte de eso, tenemos padres que eran políticos, revolucionarios, pero sobre todo, muy amorosos con nosotros.

Alejandra Gaviria: El nacimiento de Hijos tiene que ver con una etapa generacional.

Cuando a la mayoría de nosotros nos asesinaron a nuestros padres o madres éramos unos niños. Muchos estábamos en gestación y alrededor de los diez o quince años como edad máxima. Esto hace que primero no puedas hacer nada porque eres un niño aún. Hay muchas cosas por comprender y una situación concreta: lo que intentan desde ese momento las mamás, los papas, las familias es cuidarte y protegerte. Mi padre era un miembro del Partido Comunista.

B.G.: Fue asesinado en 1987…

A.G.: Sí. Era también un líder estudiantil de laUniversidad de Antioquia y estaba haciendo sus prácticas en comunicación social. Mi madre también era una líder del Partido Comunista y de la Unión Patriótica.

Mi padre fue desaparecido y torturado y luego encontrado asesinado. Lo grave y escabroso de la situación es que murió en un año en donde, en seis meses, entre junio y diciembre de 1987, asesinaron, desaparecieron, torturaron a más o menos 17 integrantes de la Universidad de Antioquia. Cinco profesores y doce estudiantes.

Si ustedes hacen la cuenta quiere decir que más o menos cada quince días había un entierro de una persona. Entre ellos están los profesores Abad GómezSantamaría, varios líderes de la Unión Patriótica.

Esto narra un momento de la historia absurda de Colombia. Cuando pasó eso yo tenía 5 años, mi hermana mayor 7 y mi hermano menor estaba en gestación en el séptimo mes de embarazo.

Esto hace que huyamos de Medellín a Bogotá. Mi madre nunca nos escondió nada. Desde el primer momento preguntamos qué pasó. Nos dijo: su papá lo han secuestrado, muy posiblemente no va a volver nunca y lo encontraremos asesinado.

Desde chiquita aprendí con quién debía hablar y con quién no, porque me hicieron consciente de que el contexto en el que había sido asesinado mi papá era injusto y ese contexto iba a intentar culparlo a él y hasta culparme a mí por lo que le habían hecho.

B.G.: ¿Quién te sugería?

A.G.: Mi mamá para protegernos. Ella estaba amenazada. No le garantizaban la vida en ningún lugar. Entonces nos decía que no podíamos hablar con cualquier persona de lo que nos había pasado. ¿Cuáles eran las estrategias? Decir que mi papá no era comunista, que no había sido detenido y desaparecido sino secuestrado, porque sucede que en este país las víctimas del secuestro siempre han sido más visibilizadas y comprendidas.

Aquí se han movilizado en masa por los secuestrados pero frente a los detenidos desaparecidos muchas veces a manos del Estado, siempre ha habido un silencio muy preocupante en la sociedad.

Entramos a la universidad a estudiar y descubro que la vida cotidiana está llena de jóvenes que también han vivido nuestra historia.

Me encuentro con José, con muchas otras chicas y chicos cuando tenía 20, 22 años y empezamos a decir: “oiga, esta historia no solo es la mía”. Empezamos a ver que las madres se reencuentran otra vez. Que pierden el miedo y nosotros también perdemos el miedo. Empezamos a entender algo que puede parecer obvio pero que en ese momento no lo era y es que lo que les pasó a nuestros padres, a nuestras madres, a nosotros, lo que le pasó a toda una generación de colombianos es injusto y no tenía por qué ocurrir.

Eso nos tocó aprenderlo solos. Nunca hubo un Estado que reconociera estos actos atroces y nos dijera estas palabras que nosotros, en el trabajo cotidiano que adelantamos desde hace más de 8 años, nos hemos dado cuenta y hemos reconocido.

Fue algo injusto el asesinato de toda una generación que pensaba distinto no tuvo nunca que haber pasado.

B.G.: Parece como si estuviéramos hablando con una generación de la dictadura Argentina, ¿verdad, Pedro?

Pedro Medellín: Un exterminio sistemático.

B.G.: Y esto era teóricamente en democracia. ¿Por qué creen que se produce ese exterminio, ese genocidio, como se ha calificado, y que además está pendiente por resolver en la Corte Interamericana de Derechos Humanos? ¿Qué le puede suceder, desde vuestra perspectiva, a una sociedad que permite, qué ejecuta y que oculta? Obviamente no toda la sociedad…

J.A.: Es complejo. La experiencia nuestra tiene que ver con un momento particular de la historia. El momento en el que no solo exterminaron y asesinaron a muchos líderes de la Unión Patriótica, sino incluso a otros miembros de otras agrupaciones que políticamente apostaban a la apertura democrática.

Hay explicaciones sobre eso. El momento cuando el presidente Belisario Betancur pretende abrir un diálogo con las guerrillas, llega un proceso de agudización de la represión política del presidente anterior [Julio César Turbay Ayala], a partir del 78 con el Estatuto de Seguridad.

Es un contexto en el que en Colombia se traslada con mayor contundencia la doctrina de seguridad nacional que se aplicó en el continente, en el Cono Sur claramente a partir del Plan Cóndor. Una historia que en Colombia ha sido siempre muy difícil de rastrear por los académicos, los jueces o por las sentencias sobre la idea de que aquí tenemos una guerra, de que tenemos un conflicto armado y que las víctimas somos víctimas del conflicto armado, del fuego cruzado, pero no víctimas por motivaciones políticas.

Nuestros padres son personas que en los años 80 cumplen más o menos las mismas funciones. Jóvenes que representan un momento de disyuntiva en el país. El momento de la apertura democrática, de una posible solución política del conflicto armado y la imposibilidad de que el país avanzara tan fuertemente en el neoliberalismo como se pretendió en los 90.

En cambio, fueron exterminados para permitir lo que se desarrolló en Colombia en los 90. Una etapa que consolidó el despojo, el exterminio y despojo de los paramilitares que realizaron una gran cantidad de masacres en poblaciones donde faltaba liderazgo político, donde no había organización política, todo, por cuenta de lo que ocurrió en los 80.

Nuestros padres eran jóvenes que habían transitado, generacionalmente, desde donde ustedes transcurrieron. Jóvenes de los años 50 influidos porlas ideas del 68, de los 70. También por las ideas de libertad de los años 80 que también eran críticas a laUnión Soviética. La posibilidad de que la izquierda muriera y todos los sueños de cambio murieran con eso.

La razón, el motivo de ese exterminio, tiene que ver básicamente con ese contexto. En Colombia se ejecutó un plan para asesinar a todos estos jóvenes. Uno o varios planes.

Pero lo que nos ha costado mucho reconocer y hemos querido hacer énfasis es que no se trata de asesinatos casuales, aislados, ni en medio de una confrontación. Esto ha respondido a planes sistemáticos que pretenden conducir al país por una línea particular determinando su democracia, su economía, también su cultura. Creo que, de alguna manera, lo que han pretendido lograr, casi que lo consiguieron.

No podemos decir que no lo han hecho. Conocemos lo que ha ocurrido. Nuestro presente es un presente también falto de alternativas.

P.M.: Yo conocí a ‘Pepe’ Antequera. Yo quisiera conocer su versión de ‘Pepe’ a quién también conocí.

J.A.: Mi padre murió cuando yo tenía cinco años. Lo que he construido ha sido a través de los ojos de mi madre que lo amó profundamente, entonces no tiene un defecto.

Mi padre escribió una carta cuando se iba a casar con mi madre en la que le decía: “un día quise ser feliz y me hice comunista”. Se refería a la etapa cuando tenía catorce años y había querido hacer eso. Mi padre era exactamente eso: un tipo que a los catorce años por sensibilidad, por personalidad, por concepción, por toda su formación de infancia, decidió ser comunista y entregarse plenamente a esa vida. No ser otra cosa, no pretender ser otra cosa.

Eso crea una distancia conmigo y con los otros que se nos ha negado la posibilidad de ser con la libertad que mi padre quiso ser. Porque yo en cambio tengo que trabajar, estoy pensando, por alguna razón, que tengo que acumular bienes no sé por qué; estoy pensando que tengo que estudiar no sé por qué, y mi padre era un tipo que decidió ser feliz haciendo eso que quiso ser plenamente… Tenía unas particularidades especiales.

Creo que era especialmente inteligente. Un lector como pocas entre los dirigentes políticos muchos de los cuales son quizás muy buenos oradores o muy buenos en la maquinaria del “muñequeo político”, pero no son quizás tan fundamentados, tan claros.

Mi padre también tenía una virtud: la serenidad. Eso hizo que fuera amigo de Pedro Medellín tanto como podía ser amigo de Alfonso Cano, luego comandante de las FARC. Era amigo de Ernesto Samper tanto como pudo ser muy amigo de Álvaro Leyva con quien tenía una gran amistad. Mi padre era un comunista que creo que representa muy bien lo que iba a pasar con los comunistas en Colombia y que ha querido pasar. No quiero, de ninguna manera, quitarles méritos hoy a los líderes políticos de la izquierda.

Era un muy buen representante de una generación que hoy tendría una posición muy abierta pero con mucha legitimidad. Y lo que se ha quebrado es un poco es eso: la dificultad entre sostener la legitimidad y al mismo tiempo, sostener la apertura. Ese debate tan duro de la izquierda creo que, entre otras cosas, también se debe a esos asesinatos.

A.G.: La imagen que yo me he hecho de Francisco –Pacho, como lo conocían– es a través del trabajo con HIJOS, de las cosas que hacemos, de la gente que se  acerca y nos cuenta cosas.

Francisco era un amante de la fotografía. Un joven sereno, tranquilo, querido por toda la Universidad. Un padre excepcional en los pocos recuerdos que tengo. Hacía lo mejor que podía para educarnos y sobre todo, tenía una característica común a todos nuestros padres: eran soñadores.

P.M.: Éramos una generación de soñadores.

A.G.: Eso creemos.

El trabajo que hacemos y en el que hemos insistido mucho es que no estamos para contar nuestras historias de tristeza, de dolor. De cómo fue cada tortura, qué le hicieron. Es importante rescatar lo que era la esencia de ellos. Una esencia que no fue el dolor sino los sueños, las ambiciones, esas ganas de hacer las cosas de una manera realmente distinta a lo que habían conocido, a lo que sus padres habían hecho. Para nosotros, aparte de la denuncia, es importante rescatar eso.

B.G.: Pero también saber lo que ocurrió.

J.A.: Por supuesto.

B.G.: Los responsables últimos, los que estaban y están detrás de estos asesinatos. En esa evaluación el saldo es negativo.

J.A.: Muy negativo.

En mi caso –no sé si a Aleja le pasó lo mismo– durante mucho tiempo me negué a recorrer el camino de la justicia.

Diré esto queriendo ser crítico, pero no será absoluto.

A veces sientes que teniendo un padre asesinado, recorrer el camino de la justicia, dedicar tu vida a buscar quién fue el asesino, es casi que una doble condición de subyugación. Primero me asesinan a mi padre, me joden la vida por eso, entonces debería yo pasarme la vida buscando quién fue el asesino… Eso casi que me parece injusto con la vida.

Por muchos años, el lugar donde encontramos la posibilidad de esperanza, también de la alegría reivindicando nuestra historia, fue eso que es la búsqueda de la verdad y el ejercicio mismo de la memoria. Más que la búsqueda de saber quién fue, el ejercicio mismo de reivindicar quiénes eran ellos, cuáles eran sus ideas, cómo eran. Luego, en los últimos tiempos, inevitablemente nos hemos involucrado en la lucha por la justicia.

B.G.: ¿Es ahí donde se produce vuestra evolución también, incluso en el ámbito asociativo? Evolucionáis hacia la justicia contra el olvido y contra el silencio.

J.A.: Sí. Pero en realidad tiene que ver un poco con que ha habido personas que han hecho el trabajo serio de crear condiciones y de convencernos de que hay que buscarlo.

Menciono, por ejemplo, el trabajo de Iván Cepeda. Tiene más años que nosotros. Nos conoció cuando éramos mucho más chiquitos y él ya llevaba un camino de reivindicación. No hay ninguna duda del liderazgo que ejerce Iván demostrándonos que la lucha por la justicia es una lucha válida, que se puede vivir, que se puede soñar, que se puede creer, sin necesidad de abandonar eso.

Por otro lado, las circunstancias del país, de alguna manera, han posibilitado cosas.

Si en este momento no se hablara de una Comisión de la Verdad, seguramente no tendríamos la misma esperanza que hace algunos años. Ahora es mayor porque, por ejemplo, a partir de la apertura del proceso de paz nosotros creemos que hay mayores condiciones. Como no las tuvimos con el proceso de desmovilización de los paramilitares porque sabíamos que era más un proceso medio farsa, que ha sido fracasado.

Pero los resultados son así como dice.

La Unidad de Análisis y Contexto de la Fiscalía está incorporando los casos de la Unión Patriótica, en algunos casos, con la idea de crímenes de lesa humanidad, pero no se produce ningún resultado.

En algunos casos se trata de funcionarios que saben menos de historia de la que deberían saber, que necesitan todavía muchísima formación. No es mala voluntad. Creo que hay una buena voluntad en algunos casos, pero es difícil llegar. Hay informaciones ciertas y cosas que se han hecho que buscan eliminar, directamente, esos vínculos de responsabilidad. Por ejemplo, la extradición de los jefes paramilitares a los Estados Unidos.

Alguna vez se logró preguntar a ‘Don Berna’ si sabía quién era el asesino posible de mi padre o el determinador. Dijo: “eso fue allá en el DAS”. ¿“Allá en el DAS” es quién en el DAS? No tengo los archivos del DAS porque los archivos del DAS están en el limbo, prácticamente hay una jugada en curso para destruir esos archivos o por lo menos depurarlos.

Hay una nueva ley de depuración de archivos y es elProcurador, que no es nada amigo de la justicia, el encargado de dirigir esa Comisión que va a depurar los archivos. Entonces, probablemente, esa verdad está en peligro. Nosotros estamos comprometidos con eso.

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