Diario de un marginado

Cortesía de Alberto Cerón

Mientras llueve

Era niño, con voz de niño y sin pelos de adulto cuando leí la historia de Celina Valdivia narrada por Fernando Soto Aparicio. No podía creer que hubiese alguien tan malo como el viejo Jacobo, capaz de suicidarse y hacer creer a la justicia que era su joven y hermosa esposa (Celina) quien le había asesinado. La justicia, como suele suceder en esta sociedad patriarcal y teocapitalista, condeno a veinte años de cárcel a la viuda del vejete. La prisión devoró su juventud y belleza integral. Luego ella también se suicida.

Hoy, parafraseando el titulo de la novela de Soto Aparicio; también “Mientras Llueve”, pienso en los grados de maldad que puede alcanzar un ser humano. ¿Hasta dónde podemos enterrarnos en la peor escoria, hacer de nosotros la pestilencia más abyecta que podamos imaginar; cuando nuestra megalomanía, egoísmo, machismo, prepotencia, pero ante todo hijueputismo y malparidismo así lo exigen?

Han pasado unos días y pocas horas desde que 6.431.376 colombianos votaron en contra de la posibilidad de construir un país en paz. Prefieren perpetuar la guerra imponiendo la barbarie a 48.894.999 compatriotas; ellos incluidos, pastoreados por el fanatismo de sectarios religiosos y furibundos politiqueros teocapitalistas quienes ven en los acuerdos de paz, el reconocimiento a la dignidad y por tanto respeto a colectivos ancestralmente satanizados y vituperados como la comunidad LGTBI, las mujeres o los pueblos indígenas y afro.

Los millones, millones y millones, de euros, procedentes quien sabe de dónde, invertidos por la ultraderecha para derribar cualquier atisbo de una paz lo más justa, posible, duradera y por tanto incluyente, fincada en el reconocimiento de la diferencias, para entre todos y todas, por fin, empezar a construir una nueva Colombia; dejan claro que el gran capital, desde luego siempre patriarcal, prefiere seguir regando el suelo colombiano de sangre, sembrando muerte y cosechando tragedias, antes que perder lo que de siempre han robado al pueblo. El fanatismo de los líderes tanto religiosos como políticos y económicos, todos ellos MACHOS, nunca HOMBRES, del No a la Paz en Colombia, inmersos en su megalomanía, pretenden que un solo bando, claro el contrario, cargue con toda la culpa y responsabilidad de la guerra; incluso la de crímenes, que, como Celina Valdivia, no cometieron. La oligarquía colombiana, principal actor, provocador y gestor del la guerra en ese país, ha asumido la violencia integral como herramienta eficaz y cotidiana para mantener sus privilegios prácticamente desde que Colombia se funda como república. Miedo, físico pánico, tiene la oligarquía a la paz.    

Mientras más leo o escucho los “argumentos” de los lideres MACHOS guerreristas colombianos, especialmente Uribe y su corte de pastores religiosos, más viene a mi mente la imagen del viejo Jacobo nadando en sus propias míseras. Corroído por la megalomanía, el egoísmo y  el machismo; convencido que su poder económico y social está por encima de toda dignidad, de todo principio ético; como el vejete Jacobo, no perdonan que la dignidad y los derechos de la gente decente se impongan a su vanidad de macho todopoderoso. Igual que el cacreco marido de Celina, son capaces de suicidarse dejando previamente el montaje de rigor para conducir  a la desgracia final a quienes de su yugo intentaron liberarse.

Hoy, mientras llueve, con muchos lustros en la piel, la inocencia perdida y el destierro a cuestas, sé que los Jacobos son reales y aun peores.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s