* Yuliana Samboni: niña indígena desplazada, torturada, violada y asesinada

*robada esta nota a Roberto Carbonell, quienes conocen de cerca el caso y escribe Catalina Escobar  


Por qué el caso de Yuliana Samboní para mí ha significado tanto

Ya prácticamente finalizado el caso de Yuliana Samboní donde imputarán a Rafael Uribe Noguera a 60 años de prisión por secuestro, violación (acceso carnal violento agravado) y feminicidio, al igual que la imputación de cargos a los hermanos Francisco y Catalina Uribe por favorecimiento y ocultamiento de material probatorio, muchos se preguntarán por qué hice un seguimiento tan cercano a este caso y un llamado tan firme para que se hiciera justicia.

Sin importar quién hubiera sido la víctima o el victimario este caso mereció la indignación de todo un pueblo, y en mi caso, porque durante 15 años he visto la justicia favoreciendo a los perpetradores. El caso de la pequeña Yuliana de 7 años, conmovió profundamente el corazón de la inmensa mayoría de los colombianos y el mío también por tratarse no solo del mas cobarde abuso, maltrato y asesinato a una menor indefensa, sino porque también se trató de un abuso de clases sociales.

Si, el abuso de una familia que tiene la obligación de ser ejemplo de comportamiento por haber tenido todas las oportunidades que puede ofrecer una vida llena de privilegios, y que por el contrario, terminó utilizando todas las influencias y contactos posibles para que la justicia no llegara con la claridad y contundencia que nuestro país, sus niñas, jóvenes y mujeres merecen. Creo que es prudente hacer una aclaración. No conozco a la familia Uribe Noguera y por lo mismo no tengo nada en contra de ellos. Simplemente me distancio con indignación de un comportamiento a todas luces censurable, en todo momento lo que he pedido es justicia, sólo el rigor de la ley. Hubiera podido ser cualquier familia que a pesar de gozar de una vida digna, trató de hacerle el quite a nuestra justicia, de abusar de la debilidad de la familia Samboní y de pasar por encima de la dignidad de todos, pues tenemos que hacer del bienestar de nuestros niños y niñas un asunto de todos.

De este proceso doloroso que hemos venido siendo testigos, surgen muchas preguntas y muchas invitaciones a reflexionar …

¿Si no hubieran existido las cámaras en el barrio de Yuliana hoy ella sería una estadística más de personas desaparecidas? ¿Acaso estaría Rafael Noguera buscando hoy a su próxima víctima?¿Quiénes fueron los que se alinearon con los intereses mezquinos para esconder con pactos de silencio los detalles de un delito de semejante magnitud?

¿Cómo podemos resaltar la actuación del fiscal y de los miembros de su equipo que han actuado con diligencia y en defensa del respeto a la dignidad que merecemos como colombianos, para que se siga actuando de la misma manera en otros casos de este tipo?

Ya hay imputaciones a Rafael, a su hermanos Francisco y Catalina, que independiente del apellido que lleven, debieron haber tenido la grandeza de responderle a la sociedad a la altura digna de ejemplo. No hay derecho, no es justo que esto suceda y de esta forma. Ha sido una cadena de actos inaceptables, de errores que llevan a nuevos errores, y como colombianos no podemos callarnos, no podemos dejar de indignarnos.

En repetidas ocasiones han intentado callarme a través de las redes sociales y por interpuestas personas cercanas a la familia Uribe Noguera. Siento que mi responsabilidad como ser humano sensible y responsable, y como colombiana, es la de seguir adelante acompañando el dolor de las víctimas, que en este horrendo caso no solo es Yuliana, su familia y amigos, sino que somos todos los colombianos.

En estos días tuve una conversación con una gran amiga y me dijo: “Cata, la familia Uribe Noguera también está sufriendo”. A lo que contesté: “Por supuesto, nadie quiere que eso pase en la familia de uno”. Y continué diciendo: “¿Sabes qué sería mejor? Que los hermanos Uribe salieran públicamente a pedir perdón porque se equivocaron. Porque eso hicieron, se equivocaron al encubrir a su hermano. Si humildemente salieran a decirlo, creo que la óptica sería diferente, se darían los mensajes correctos a nuestra sociedad de manera honorable y las cosas serían más fáciles para ellos, para la justicia, pero sobre todo, para la familia de Yuliana que es lo que importa. En Colombia necesitamos actos de grandeza y auténtica humildad a pesar de los errores”.

De esto hay algo que también me sorprende, no entiendo cómo se declararon inocentes aún con las pruebas que los incriminan. Cómo pueden conciliar el sueño en la noche, sabiendo que ellos tienen también hijas, y que hay padres como ellos que hoy sufren el abuso, la violación y el asesinato de sus hijos.

Por otro lado, no soy abogada, pero por más de 15 años he conocido temas relacionados con delitos sexuales, las secuelas sicológicas y físicas en las víctimas, el camino tortuoso que deben seguir para se haga justicia, la cual en raras ocasiones encuentran. He sabido de abogados, funcionarios públicos, empresarios, entre muchas otras personas que han estado implicados en violencia y delitos sexuales contra niños y mujeres, quienes parecen intocables por la ley. ¡Si supieran lo patético y horroroso que es este tema en Colombia! ¡Si supieran!

Es por eso que doy opiniones públicamente con firmeza sobre estos casos. Sé que muchos me cayeron encima por expresar mis opiniones, pero les diré la verdad, en estos temas mi único objetivo es DEFENDER A LAS MUJERES Y NIÑOS COLOMBIANOS, ES IR EN CONTRA DE LAS INJUSTICIAS SOCIALES. ELLOS MERECEN MI MÁS PROFUNDO AMOR Y RESPETO. A veces en estas cosas se pisan callos…

Un mensaje adicional, delitos sexuales suceden a diario en Colombia y eso lo sabemos todos. Tenemos una justicia que muy rara vez les llega a las víctimas para defender sus derechos básicos. Ser mujer en Colombia es toda una odisea, pero es peor cuando se nace pobre, mujer y rural. Eso me ha tocado vivirlo en la Juanfe en Cartagena. Muy pocos son los casos de niñas Juanfe donde solamente nos llegan embarazadas a temprana edad, porque los problemas son de fondo y mayores. Cuando escucho sus historias y testimonios veo con dolor cómo desde niñas las han tocado, manoseado, les han dicho cosas obscenas en la calle; les dicen “brutas”, “prostis”, “tú no vales nada”, “perras”. Es increíble cómo las maltratan de manera violenta, las burlan, las exhiben, las violan, las queman, las cachetean, las castigan con machete. El dolor más grande que siento es cuando recibimos niñas que se han intentado suicidar.

Estas son las cosas que nos ponen a pensar, no sólo por el caso de Yuliana, sino que respondamos a la pregunta: ¿Qué estamos haciendo DE VERDAD por tener un país digno para los hijos de Colombia?

Lo he comentado en varias oportunidades. Somos lo que permitimos. La justicia es así porque lo hemos permitido por años. La corrupción está a niveles nunca antes visto, porque lo hemos permitido. Somos el país del “todo vale” porque lo hemos permitido. Hemos permitido el soborno a las instituciones y muchos negocios se han hecho a punta de dádivas, y todos nos tapamos con la misma cobija. Se desvirtuaron, se desdibujaron los valores y esto es lo que tenemos por resultado. Todo tiene una causa y un efecto, es una cadena, y el caso de Yuliana no es nada ajeno a esta realidad.

No quiero terminar sin un último comentario. El caso de Yuliana evidenció una realidad de esa parte más privilegiada de nuestra sociedad, el llamado estrato alto. Muchos observaron y callaron como diciendo “la cosa no es conmigo” porque los Uribe Noguera son gente conocida. En vez de censurar y pararse ante la verdad, terminaron guardando silencio bajo la apariencia, ese patético silencio de los inocentes que en ocasiones es peor que la misma maldad de los culpables. De todo el caso de Yuliana, debo confesarles, ESTO FUE LO QUE MÁS ME DECEPCIONÓ. Entre más privilegios tenemos mayor es nuestra responsabilidad para con la sociedad y su sano desarrollo.

Espero que este sea un caso que ningún colombiano olvide, porque necesitamos que todas las víctimas de delitos sexuales tengan derecho a recibir la justicia que merecen, y también espero que podamos unir nuestras voluntades, nuestras capacidades para construir un país donde nos sintamos cada día más orgullosos de vivir y de ver crecer a nuestros hijos.

QUE EL CASO DE YULIANA SAMBONÍ SEA EL INICIO DE UNA JUSTICIA QUE LE LLEGUE A PROTEGER LOS DERECHOS DE NIÑOS, NIÑAS, ADOLESCENTES Y MUJERES DE NUESTRO PAÍS

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