Colombia, mujeres y política vista por Semana

Con una cita de  un NarcoSenador  comienza el artículo publicado por la publicacion de Prisa Colombia La única información escrita ya que también cubrió El País de  Prisa España en directo la transmisión la otra realidad  las marchas que quiza por ignorancia de la periodista no sabía no acertó con la historia política colombiana

…”Las vaginas del Senado se llenaron de malos pensamientos”. La frase la pronunció el conservador Roberto Gerlein en una sesión plenaria del Senado, en 1998, y fue su argumento para controvertir a Piedad Córdoba y Viviane Morales que en ese entonces señalaban de corrupción al presidente de la época, Andrés Pastrana Arango. “Que la senadora se preocupe de sus calzoncillos…”, fue el trino con el que el senador Ernesto Macías le pidió a su colega Claudia López preocuparse de sus asuntos, en lugar de referirse al Centro Democrático.

Dos frases infortunadas, dos ejemplos de los comentarios a los que se tienen que enfrentar las mujeres que decidieron incursionar en un campo dominado por los hombres, la política. Dos frases que demuestran que la violencia contra la mujer que ejerce un cargo público no se reduce a las agresiones físicas, en su mayoría, son los insultos, los agravios y la discriminación, las armas con los que sus contradictores pretenden apartarlas de la vida pública.   

La violencia contra la mujer en la política es un fenómeno del que apenas se habla, entre otras porque no hace mucho que las mujeres ejercen derechos políticos. En Colombia, sólo en 1954 se les otorgó el derecho a votar, y tres años más tarde pudieron elegir a sus gobernantes. Fue apenas el comienzo. Muchos años tuvieron que pasar para que se vieran avances, y que la mujer pasara de elegir a ser elegida.

Desde 1991 la participación en la política de las mujeres se triplicó; pasó del 7 % en el Congreso al 23 %, registrado en el 2014; en la Cámara de Representantes la presencia de mujeres se duplicó. La Ley de Cuotas (del año 2000) les impuso a los partidos políticos conformar sus listas de candidatos a corporaciones públicas con el 30 % de mujeres, pese a ello siguen siendo minoría en el parlamento colombiano.

Y es precisamente la violencia contra la mujer en la política una de las causas para que la participación de las mujeres se estanque. Los expertos definen este concepto como aquellos comportamientos dirigidos hacia las mujeres con el propósito de aburrirlas y que abandonen la política. En Colombia son muchas las mujeres que han resistido, y pese a los constantes ataques, ahí siguen vigentes en la política nacional.

Recomendamos: Proteger a la mujer desde el lenguaje

Las formas de violencia más conocidas contra las mujeres son la violencia física (asesinatos, secuestros, golpes, empujones, violación sexual) y la violencia psicológica (acoso sexual, acoso laboral, discriminación, difamación, gritos y descalificación).

Pero también se enfrentan a otro tipo de violencia, poco visible y no reconocida incluso por ellas mismas. Se trata de la violencia simbólica. Consiste en difundir imágenes sexualizadas, inventar rumores acerca de su vida personal, apagarles el micrófono en los debates públicos, quitarles el uso de la palabra,  denuncias falsas, abandonar los recintos cuando hablan, y hasta no dar crédito a sus ideas.

La violencia económica también es otro flagelo. Se presenta y se materializa en el daño a materiales de campaña, negación de recursos económicos durante el ejercicio del cargo o en la campaña, y la negación al acceso a instalaciones o formas de comunicación.  

Sugerimos: La Constitución del 91 y los derechos de la mujer

 “Soy el arquetipo de la violencia en la política contra la mujer”, confiesa Piedad Córdoba. “Me agreden por ser mujer, me agreden por ser afro y por mis ideas liberales”. La excongresista dice que los insultos son su pan de cada día. Los recibe por su forma de vestir, por su turbante, por sus ideas. Pero este tipo de violencia, dice, es una “nimiedad” ante el secuestro que padeció en los años 90 a manos de un grupo paramilitar, el exilio, dos atentados, la persecución política, y la inhabilidad para ejercer cargos públicos por 18 años. “Yo nunca he aparecido en un caso de corrupción – aclara Córdoba- y sin embargo los discursos de odio que recibo diariamente son muchísimos”. Por eso, ahora tiene la idea de impulsar un proyecto de ley en el Congreso para prevenir, sancionar y erradicar todo tipo de violencia contra la mujer en la política.

Claudia López, senadora de Alianza Verde, también se declara víctima de la violencia en la política. Ha recibido varias veces amenazas de muerte, intentos reiterados de desprestigio, sin contar los comentarios machistas, el estigma por pertenecer a la comunidad LGTBI. “Estamos mucho mejor que hace 30 años, pero algunos no quieren aceptar la Constitución del 91, algunos no quieren aceptar las diferencias”.

Puede ver: “Esa es la gentuza que llega cuando le regalan la curul”: Claudia López

  1. Sofía Gaviria es senadora del Partido Liberal, se ha sentido discriminada, y varias personas le han faltado al respeto por ser mujer: “ganar ese respeto no ha sido fácil y se tiene que luchar”..
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